Indomable

Las cuerdas de la poca cordura que un día tuve se desataron en el instante en que comencé a amar el caos. Nos pintan el ciclo de la vida como una delgada línea con un final ya predestinado. Tan insípida me pareció esa enseñanza, que comencé a leer entre líneas la magia de lo espontáneo. Y aunque esta sociedad lo olvide, en las curvas está lo hermoso de vivir. Y prefiero perderme en las vueltas caprichosas que abastecen mi desastre personal que seguir con los pies en el suelo. Como defecto de fábrica, se desataron mis cuerdas, esas que atan a los cuerdos y los manejan encerrándolos en patrones bien definidos de lo que deben ser.
Pobres son los que pisan sin fuerza, y afortunados aquellos que ni siquiera pisan, sino que vuelan.
R.

Carta a un suspiro

Querido X:

Tómate tu tiempo. Es cierto que a veces me desespero y que la posibilidad de tu no existencia me aterra bastante, pues ya pasé esa etapa de pensar que hay una media naranja para todos y me di cuenta de que no puedo vivir pensando que me completarán al final. No miento cuando te digo que uno de mis mayores deseos es que algún día leas esta carta. Pero por si acaso, me gustaría dejar plasmado con palabras lo que dentro de mí misma no sé explicar, aunque esta carta no llegue a ningún puerto.

Y es que hoy me he levantado con ganas de ser sincera contigo y conmigo misma. Quiero que entiendas que no voy a reparar en daños hasta que vengas, porque soy así. Me gusta arriesgar y quien arriesga puede perder. Quiero que entiendas, que igual que arriesgo cuando consigo verlo claro, no soy fácil. Me explico: no querré que seas tú, porque lo de arriesgar deja marcas en mi piel que a veces cuesta borrar, no por la persona, sino por el dolor causado. Entonces pienso que volveré a caer y que, esta vez, no podré levantarme y eso -aunque nunca te lo admitiré a la cara, ya descubrirás que orgullosa soy un rato- me aterra. Así que perdona si te causo algún dolor al principio, tengo mis dudas, me doy la vuelta, te mareo como una tonta e incluso hago cosas solo por no admitir que eres tú. Soy así de idiota, pero ya lo irás descubriendo poco a poco, si no te rindes, claro.

Te digo que te tomes tu tiempo porque no tengo ninguna prisa. Aunque a veces ansíe amanecer a tu lado, sé que aún no estoy preparada para darte todo lo que mereces. Así que no te preocupes, en el fondo de mi ser te espero, y cada vez que escucho una canción de amor, créeme que me susurra al oído tu existencia. Y me atrevería a decir que aunque no te conozca ya te quiero, porque quiero a la idea de tu existencia, y precisamente por eso te digo que no estoy preparada para recibirte, porque te espero. Y estas cosas surgen cuando menos lo esperas. Así que, hagamos un trato. Yo me centro en cumplir mis sueños, en no depender de tu posible existencia. Me dedico a ser mejor persona, mejorando día a día. Y si llegas, un día inesperado, intentaré estar lo más preparada posible. Y si nunca llegas, al menos habré conseguido ser mejor cada día, y por mi propio pie.

Gracias por leer esta tonta carta.

Te quiere en silencio,

R.

Moving on

Moving on

Está siendo un momento difícil. Cada vez doy pasos más determinantes en mi vida. Pensaba que la decisión de alejarte era complicada, pero no. Ahora viene lo difícil. El tiempo puede ser muy traicionero al pasar. Trae consigo recuerdos que trazan una brecha dentro, de esos que escuecen cuando aparecen por tu mente como si de una película se tratase. Y la soledad, que hasta ahora era tu compañera más leal, se convierte en enemiga, te golpea y te destroza. Son los moratones del fracaso absoluto los que hacen que hoy salgan las lágrimas. Los moratones de una mente acosada, humillada y hecha pedazos. Hay una expresión que siempre me gustó para expresar este tipo de dolor: «romper a llorar». Porque es cierto, te rompes y sollozas y gritas y golpeas la pared y te encoges del mismo dolor.

Pero de repente la soledad se solidariza. Decides volver a dejar la pena, porque está muy visto eso de quejarse. Decides que es momento de limpiarse las lágrimas, cambiar esa canción tan triste que has escuchado para hacer el momento un poco menos ridículo. Te sientes igual de vacía, pero ahora ese vacío pesa menos. Te limpias el maquillaje, te ríes un poco de ti misma, confías en que vendrán tiempos mejores y te alivia saber, que aunque ahora no sepas ni para dónde ir, estas en buen camino. Porque hay veces que es peor intentar sanar el vacío del fracaso con parches inútiles que solo sirven para mentirse a uno mismo. Porque es demasiado egoísta entregar –o intentarlo– un corazón roto a alguien que quiere darlo todo por completo y que está dispuesto a conocer esos rincones que, por desgracia, han sido arrancados poco a poco de ti, y ahora tienes que volver a pegar. Así que ahora el tiempo, pasa a ser un compañero leal, y pasa sanando. Y te ayuda a volver a reír, a estar cómoda siendo tú misma. Te ayuda a apreciar esas pequeñas cosas que habías olvidado –o te habían obligado a olvidar– y te enseña que nadie merece arrancar tus rincones. Y te vuelve a recordar, lo acertado de tu decisión, lo bien que lo estás haciendo, lo fuerte que puedes llegar a ser, y el poco conocimiento que tiene el mundo y tú misma acerca de ello.

R.

De la primera N a la última A

 

Me despojé de ti, como quien ve unas zapatillas desgastadas y sabe que pronto se van a romper. ¿Desgastadas? ¿Es esa la palabra? En realidad, no. Yo me desgasté las fuerzas, pero nunca se me desgastó el amor. Yo te quise, y a día de hoy sé que en un remoto rincón de mi ser aún sobrevive un ‘te quiero’, aunque hasta él mismo sabe que debe desaparecer. Y eso hago, borrar tu marca de mí, borrarme todo lo que construiste a tu antojo, tus ideas implantadas en mi cabeza, tu forma de querer que fuese, así la niña guapa, perfecta, educada, con un futuro brillante, emprendedora y magnífica. ¿Y sabes qué? Yo soy mucho más que eso.

Soy fuego, soy pasión concentrada, no soy ambiciosa con las cosas que no son necesarias, soy ambiciosa con mis sueños. Yo no soy la niña guapa y perfecta, tengo señales y cicatrices, digo tacos a todas horas, hablo sola en voz alta y grito mucho cuando me enfado. Soy explosión, soy tormenta y huracán si me enfado, soy rayo cuando me enciendes, y sol cuando pienso en mis objetivos que son los que me hacen brillar. No me interesa una mierda la política, pero sé que es necesario informarse, pero odio los debates. Me aburre hablar de ello, y odio leer estos libros en los que tengo que estar buscando palabra por palabra lo que quieren decir. Me gustan los libros que me hacen volar y sentir que estoy dentro de ellos. Me gustan todas esas cursiladas que los realistas tachan de “imposible”. Me gusta ser peliculera y darle emoción a mi vida, aunque eso suponga muchas veces estrellarme contra la pared. Me encanta la gente que me hace aprender sin hacerme sentir idiota. Me gusta la gente que tiene mucho que ofrecer pero es humilde. Me encanta la gente en general, que ayuda a la gente sin querer recibir nada a cambio. Adoro la bondad incondicional, y los amaneceres en sitios lejanos. Continue reading

High hopes

Que no me hablen de irrealismos, que me dejen en mi mundo ilusorio, donde los besos traspasan miles de kilómetros y se encuentran. Y es que no son capaces de imaginar, porque solo los valientes se lanzan a este tipo de estupideces. La distancia, un arma de doble filo, se convierte en nuestro único salvavidas. Y aquí estoy cenando contigo, a miles de kilómetros de mí, pero a la vez sentado en la silla de en frente. Y míranos, somos superhéroes, somos capaces de volar en lo que dura un sonido de llamada. Y ya las noches no me asustan tanto, y el café no está tan frío. Y tu sonrisa acaricia cada uno de los rincones de mi cuarto. Y nuestras conversaciones se convierten en lo esencial. Y en los días de lluvia la soledad se convierte una cuestión de elección y no de obligación. Entonces empiezo a pensar que los verdaderos héroes no son los que tienen superpoderes, porque veo todo lo que reconstruyes día a día, mis edificios derrumbados que nadie aprecia y que solo tú sabes cómo arreglar. Y mi mundo se expande, se expande sin límites contigo. Y me da igual si es aquí, en la fría Galicia, o en París. Yo te quiero a mi lado, sin importarme cómo, cuándo y mucho menos el porqué.

R.

“Gasta tu tiempo y justifícate delante de este jurado destrozado que te pide respuestas. Explícale y di por qué forzabas esas sonrisas que hacían explotar sus ventrículos. Palabras que descontraían su sístole y angustiaban su diástole. Justifica la provocación de su arritmia con tus eternas promesas. Burbuja de aire fuíste, provocando su infarto inmediato cuando se asomaron por una de las cavidades superiores tus intenciones. Justifícate y dile por qué no lo escuchaste cuando te gritó pidiendo la verdad y lo ignoraste con la inmadurez de un experto en huir de los problemas.”

Le pur bonheur.

Fais tes valises, on s’en va. Oui on s’en va à Montmartre. Tous les deux. On vivra dans un appart tout pourri mais qu’on aimera quand même parce que ça sera le notre, et surtout parce qu’il sera loin d’ici. Puis, on y passera pas beaucoup de temps puisqu’on sortira tout le temps. On ferra plein de rencontres mais on ne les reverra jamais. Au cas où. On s’assiéra aux terrasses des cafés et on regardera les gens passer. On se moquera d’eux. De temps en temps on repèrera quelqu’un, et on le suivra. Juste pour voir. On fera des trucs débiles, et tout le monde nous pensera fous. On passera nos journées à rire, mais surtout pas à réfléchir. Jamais. Ça sera le pur bonheur.

“Fait de ta vie un rêve et de ton rêve une realité”