El tren

Cruzamos miradas. Y en una milésima de segundo me encuentro montada en ese tren de camino a tus rincones. Y van tan rápido que me da vértigo, un miedo horrible. De repente, necesito dar la vuelta, saltar por la ventana con el tren en marcha. Pero miro al frente y me encuentro con tus ojos, y es como si apagasen todas las luces del mundo para poder ver la inmensidad del universo, todas sus estrellas. Y ahí estás tú, tendiéndome la mano, con esa sonrisa de niño que llena cada uno de mis escondites, donde el miedo se ha colado por el paso de una eterna soledad, por el paso de cada golpe, cada decepción. Y me llevas, me elevas hacia lo más alto. Te cuelas por mis escondites. Cabrón. Como si fuese tan fácil traspasar las barreras de toda una vida, como si inconscientemente te hubiese esperado todo este tiempo. Como si todo lo ocurrido cobrase sentido y a la vez lo perdiese por completo.

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