Carta al más allá

Te fuiste pero estás:

estás en cada sonrisa, cada cerveza, cada lágrima derramada.

Dime, ¿es un lugar hermoso? ¿Es la sensación de alegría la que te invade? ¿Es como en Nochevieja del año pasado? Tú que no querías soltar el micro. Tú que siempre ibas de un lado para otro, soltando chistes, comentarios por los que cualquiera que no te conozca se escandalizaría. Pero así eras tú, espontáneo y natural, todo un Asensio.

Y dime, ¿cómo es volar? ¿qué se siente al ser un ángel?

o quizás el ciclo de la vida te haya hecho volver a las entrañas de la tierra, formando parte de la naturaleza que nos rodea. Entonces estás en cada flor, en cada árbol que nace, los ríos que fluyen por las montañas. Estás en la palabra libertad. La libertad que por desgracia en este mundo no llegaste a conocer.

Y la muerte, ¿cómo es?

Asusta pensar que la vida puede acabar de la forma más inesperada posible. Que somos cristal al fin y al cabo, que nos podemos romper por el camino.

¿Y tú? ¿Tan roto estabas?

¿Y yo? ¿Podría haber hecho más para arreglarte?

Hay tantas preguntas sin respuestas ahora, y ya sabes que yo lo cuestiono todo, que la razón me puede, que me asusta lo que no comprendo. Y no comprendo tu marcha. Y me asusta el pensar que no volveré a fumarme un cigarro contigo, tú que siempre me decías que no pensara tanto.

Vamos, dime que es todo un sueño. Baja a fumarte el cigarro que tengo aquí. Ven y cuéntame lo que no pudiste afrontar. Qué es lo que te arrancó de nosotros, qué es lo que tenías guardado que tanto peso ejerció sobre ti y te hizo despegar para nunca volver. Te escucho atentamente, si no lo hice antes por desconocimiento, ahora te escucho. Quiero pensar que si te fuiste, es porque sabías que estarías mejor. Quiero pensar que no pensaste. Quiero creer que en cada acontecimiento importante estarás, de una forma u otra, porque corres por nuestra sangre, primo, esa de la que tan orgulloso siempre has estado.

Y te perdono, porque probablemente nunca llegue a entender el por qué te has ido, pero confío en que si lo has hecho, es porque sabías que puedes dar mucho más allí donde estés, que todo lo que nos has dado en esta vida, que no es poco por cierto. Así que ahora fluye, corre, vuela, sé libre. Disfruta de haber soltado tus cadenas, pórtate bien (aunque ese no haya sido nunca tu punto fuerte) y espérame, que nos volveremos a fumar ese cigarro.

Te quiere,

tu prima Natalia.

“And I turned ’round and there you go.
 And Michael you would fall,
 and turn the white snow
 red as strawberries in the summertime.”

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