Indomable

Las cuerdas de la poca cordura que un día tuve se desataron en el instante en que comencé a amar el caos. Nos pintan el ciclo de la vida como una delgada línea con un final ya predestinado. Tan insípida me pareció esa enseñanza, que comencé a leer entre líneas la magia de lo espontáneo. Y aunque esta sociedad lo olvide, en las curvas está lo hermoso de vivir. Y prefiero perderme en las vueltas caprichosas que abastecen mi desastre personal que seguir con los pies en el suelo. Como defecto de fábrica, se desataron mis cuerdas, esas que atan a los cuerdos y los manejan encerrándolos en patrones bien definidos de lo que deben ser.
Pobres son los que pisan sin fuerza, y afortunados aquellos que ni siquiera pisan, sino que vuelan.
R.