Carta a un suspiro

Querido X:

Tómate tu tiempo. Es cierto que a veces me desespero y que la posibilidad de tu no existencia me aterra bastante, pues ya pasé esa etapa de pensar que hay una media naranja para todos y me di cuenta de que no puedo vivir pensando que me completarán al final. No miento cuando te digo que uno de mis mayores deseos es que algún día leas esta carta. Pero por si acaso, me gustaría dejar plasmado con palabras lo que dentro de mí misma no sé explicar, aunque esta carta no llegue a ningún puerto.

Y es que hoy me he levantado con ganas de ser sincera contigo y conmigo misma. Quiero que entiendas que no voy a reparar en daños hasta que vengas, porque soy así. Me gusta arriesgar y quien arriesga puede perder. Quiero que entiendas, que igual que arriesgo cuando consigo verlo claro, no soy fácil. Me explico: no querré que seas tú, porque lo de arriesgar deja marcas en mi piel que a veces cuesta borrar, no por la persona, sino por el dolor causado. Entonces pienso que volveré a caer y que, esta vez, no podré levantarme y eso -aunque nunca te lo admitiré a la cara, ya descubrirás que orgullosa soy un rato- me aterra. Así que perdona si te causo algún dolor al principio, tengo mis dudas, me doy la vuelta, te mareo como una tonta e incluso hago cosas solo por no admitir que eres tú. Soy así de idiota, pero ya lo irás descubriendo poco a poco, si no te rindes, claro.

Te digo que te tomes tu tiempo porque no tengo ninguna prisa. Aunque a veces ansíe amanecer a tu lado, sé que aún no estoy preparada para darte todo lo que mereces. Así que no te preocupes, en el fondo de mi ser te espero, y cada vez que escucho una canción de amor, créeme que me susurra al oído tu existencia. Y me atrevería a decir que aunque no te conozca ya te quiero, porque quiero a la idea de tu existencia, y precisamente por eso te digo que no estoy preparada para recibirte, porque te espero. Y estas cosas surgen cuando menos lo esperas. Así que, hagamos un trato. Yo me centro en cumplir mis sueños, en no depender de tu posible existencia. Me dedico a ser mejor persona, mejorando día a día. Y si llegas, un día inesperado, intentaré estar lo más preparada posible. Y si nunca llegas, al menos habré conseguido ser mejor cada día, y por mi propio pie.

Gracias por leer esta tonta carta.

Te quiere en silencio,

R.