De la primera N a la última A

 

Me despojé de ti, como quien ve unas zapatillas desgastadas y sabe que pronto se van a romper. ¿Desgastadas? ¿Es esa la palabra? En realidad, no. Yo me desgasté las fuerzas, pero nunca se me desgastó el amor. Yo te quise, y a día de hoy sé que en un remoto rincón de mi ser aún sobrevive un ‘te quiero’, aunque hasta él mismo sabe que debe desaparecer. Y eso hago, borrar tu marca de mí, borrarme todo lo que construiste a tu antojo, tus ideas implantadas en mi cabeza, tu forma de querer que fuese, así la niña guapa, perfecta, educada, con un futuro brillante, emprendedora y magnífica. ¿Y sabes qué? Yo soy mucho más que eso.

Soy fuego, soy pasión concentrada, no soy ambiciosa con las cosas que no son necesarias, soy ambiciosa con mis sueños. Yo no soy la niña guapa y perfecta, tengo señales y cicatrices, digo tacos a todas horas, hablo sola en voz alta y grito mucho cuando me enfado. Soy explosión, soy tormenta y huracán si me enfado, soy rayo cuando me enciendes, y sol cuando pienso en mis objetivos que son los que me hacen brillar. No me interesa una mierda la política, pero sé que es necesario informarse, pero odio los debates. Me aburre hablar de ello, y odio leer estos libros en los que tengo que estar buscando palabra por palabra lo que quieren decir. Me gustan los libros que me hacen volar y sentir que estoy dentro de ellos. Me gustan todas esas cursiladas que los realistas tachan de “imposible”. Me gusta ser peliculera y darle emoción a mi vida, aunque eso suponga muchas veces estrellarme contra la pared. Me encanta la gente que me hace aprender sin hacerme sentir idiota. Me gusta la gente que tiene mucho que ofrecer pero es humilde. Me encanta la gente en general, que ayuda a la gente sin querer recibir nada a cambio. Adoro la bondad incondicional, y los amaneceres en sitios lejanos. Continue reading

High hopes

Que no me hablen de irrealismos, que me dejen en mi mundo ilusorio, donde los besos traspasan miles de kilómetros y se encuentran. Y es que no son capaces de imaginar, porque solo los valientes se lanzan a este tipo de estupideces. La distancia, un arma de doble filo, se convierte en nuestro único salvavidas. Y aquí estoy cenando contigo, a miles de kilómetros de mí, pero a la vez sentado en la silla de en frente. Y míranos, somos superhéroes, somos capaces de volar en lo que dura un sonido de llamada. Y ya las noches no me asustan tanto, y el café no está tan frío. Y tu sonrisa acaricia cada uno de los rincones de mi cuarto. Y nuestras conversaciones se convierten en lo esencial. Y en los días de lluvia la soledad se convierte una cuestión de elección y no de obligación. Entonces empiezo a pensar que los verdaderos héroes no son los que tienen superpoderes, porque veo todo lo que reconstruyes día a día, mis edificios derrumbados que nadie aprecia y que solo tú sabes cómo arreglar. Y mi mundo se expande, se expande sin límites contigo. Y me da igual si es aquí, en la fría Galicia, o en París. Yo te quiero a mi lado, sin importarme cómo, cuándo y mucho menos el porqué.

R.