Estás.

Estás.

Estás. Segunda persona del singular, presente de indicativo activo. Presente, sí. Porqué aún sigues. Porque a pesar de mis intentos, del tiempo pasado, de las horas convenciéndome a mí misma de que fue lo mejor, no puedes salir. Y es que a día de hoy no consigo entender por qué te echo de menos. Pero el caso es que lo hago. No siempre, no continuamente. No es un tormento. Es algo extraño, apareces tal y como te vas. De vez en cuando, como una estrella fugaz. Un recuerdo suelto de aquella tarde, en la que creímos tener el mundo a nuestros pies. Otras veces, simplemente apareces fugazmente por mis palabras. Disimular. Maldita palabra. Sonrisa falsa, haciendo como que ya todo ha pasado, que sólo es cuestión de recordar las cosas buenas. Ya no sé si trato de engañar a los demás, o realmente quiero engañarme a mí misma. Quizá es porque no fue un capítulo cerrado. Una historia sin acabar atormenta más que un final trágico, créanme. Con la tragedia, acabas por curarte. Pero en una historia abierta, no aceptas nunca el cierre. Y es cierto, no lo acepto. No acepto nuestro final, porque para mí no era un punto y final, nunca lo será. Para mí siempre fueron puntos suspensivos. Y probablemente me pase la vida intentando engañarme a mí misma. Porque no acepto que a día de hoy, aún siga teniendo un pronóstico para nosotros.
N.R
“Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos”

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